Entrevista Luis Garcia ex-SobreDosis

Para hablar con Luis García me desplacé hasta los locales de ensayo que el batería tiene en propiedad en la madrileña calle Sebastián Gómez. El que ofreciera sus baquetas a los míticos Sobredosis, al polémico Ramoncín o a los necesarios Ñu, abrió su corazón para compartir conmigo sus recuerdos más musicales, recuerdos y experiencias que seguro enriquecerán las de todos ustedes. Desde aquí reiterar mi agradecimiento al “drummer” quien demostró en todo momento una magistral cercanía, cercanía que corrobora el tópico de que cuanto más grande eres más humilde y sincero te muestras. Toda una lección que deberían aprender esa hornada de impuestos pseudodivos preocupados más por la imagen y el dinero y que tanto daño han hecho (están haciendo) a la música. Dos horas de amena y gratificante entrevista en las que mis “flirteos” con la música, y por ende con el rock, se enriquecieron con las palabras de Luis.

Luis, si te parece hacemos un repaso a tu amplia trayectoria musical. Supongo que tu primer contacto con la música fue como el de casi todos los jóvenes de la época a través de The Beatles, para luego adentrarte en el mundo sinfónico de Yes, Genesis y Pink Floyd. ¿Qué recuerdas de aquellos años?
Efectivamente. Mi pasión por la música nació en el colegio San Viator, en los ejercicios espirituales que hacían los curas en Los Ángeles de San Rafael. Me acuerdo que yo llevé un arpa de boca, aunque me engancharon los bongos que llevaba otro compañero. En el colegio teníamos una batería y me apunté, a cambio de poder usar el equipo, a la misa de juventud los sábados por la tarde. La gente con la que conecté me empezó a hablar de grupos como Yes, The Beatles,… Mi primer disco fue “Let It Be”, de The Beatles y luego “Relayer” de Yes.

Tu primer grupo a nivel profesional fue Sobredosis. Imagino que una experiencia irrepetible.
A través de una novia que tenía en aquella época me puse en contacto con Manuel Manrique, ya que él y un bajista con el que tocaba necesitaban un batería. Alquilamos un local en la calle Matilde Hernández. Antes de ser Sobredosis nos llamábamos Motor y hacíamos música instrumental. Decidimos buscar un cantante y aparecieron una pareja (un chico y una chica) de ”yonkies” de primera. Nos llamábamos Dosis. Cuando volví de la mili y reinventamos el grupo pasamos a llamarnos Sobredosis.

Dos álbumes increíbles, “Caliente Como Un Volcán” y “Sangre Joven”, con verdaderos himnos del rock aunque con un sonido muy malo. Muy mala la producción, aunque los medios tampoco eran los de ahora.
Hubo un disco anterior con dos temas, “Chico” y “Alíate”. Se titulaba “Unidos Por El Rock”. Dos versiones muy buenas. Una producción muy pobre, sobre todo la del disco “Caliente Como Un Volcán”. Fue producido por Fortu de Obús. No tuvimos la producción que tuvieron por ejemplo Ángeles Del Infierno. Cuando años más tarde Dave Holland escuchó las canciones nos dijo que lo teníamos que volver a grabar.

Aunque volvéis a caer en el error de la producción con “Sangre Joven”.
La culpa fue de Manolo, preocupado por la voz de Santi. A causa de un atracón de pipas Santi perdió la voz durante una actuación con Bella Bestia. La voz en el disco no está bien ya que Santi no se había recuperado. Manolo se empeñó en meter a Fortu para que cuidara las voces y metiera coros.

¿Qué titular pondrías a aquella época?
Trabajadores. Ensayábamos de lunes a viernes cuatro y cinco horas. El sonido era muy empastado gracias a los ensayos. No éramos muy instrumentistas pero sí que sonábamos muy conjuntados.

Y llegáis a telonear a Judas Priest en el 84.
En Febrero de1984, en la gira de “Defender Of The Faith”, una actuación que conseguimos por mediación de Javier Gálvez. Tuvimos mucho contacto con Dave Holland.

¿No pensáis en volver a formar Sobredosis?
No. Cuando hace años (vivía Javier Gálvez) nos ofrecieron hacer el Viñarock con la formación original y con mucho dinero de por medio, dije que no. Me muevo en la música si tengo algo que comunicar. Sobredosis no tienen un buen nivel, no son profesionales de la música. Tocan por hobbie, como terapia y añoranza de los viejos tiempos. Podría hacer un show único, aunque mi condición sería trabajo, trabajo y trabajo. Y con una dirección musical importante.

Y luego formas King Kong junto a Salvador Narváez y miembros del grupo pamplonés Fahrenheit.. El homónimo “King Kong” es un disco que vuelve a caer en el error de la mala producción, esta vez a cargo de los hermanos Peyronel.
Hicimos un disco de escaso éxito, con temas muy buenos pero con una producción nefasta. No funcionó muy bien. Rehicimos el grupo con Niko del Hierro, un proyecto que se iba a llamar Ibérica en el que estaba Jose, el guitarrista de Sobredosis. Esperábamos un contrato discográfico que por causas extra musicales no se llegó a firmar.

El año 88 formas parte de la banda de Ramoncín. ¿Cómo acabas en el grupo?
Estuve tocando nueve años con él. Contacté con Ramón a través de Discos Melocotón ya que me dijeron que estaba buscando un batería para la gira del disco “Fe Ciega”.

¿Y cómo era el Ramoncín de aquella época?
El de aquella época y el de ahora. ¡Una persona…! Ramón se ha metido en terrenos que no debería de haberse metido. Con Ramón siempre muy bien, he aprendido mucho, he trabajado con muy buenos músicos, he ganado mucho dinero, he conocido a mucha gente. Es otra historia. Del heavy y sus miserias acabé tocando en grandes estadios para mucha gente, con un señor que te montaba la batería, durmiendo en hoteles con muy buenas dietas,… Yo lo llamaba “la primera división”. Ramón en aquella época era tan grande como Joaquín Sabina lo es ahora. Yo cobraba 80.000 pesetas hace 20 años. Ahora te pagan 200 euros. En Estados Unidos  se cuida la música y al músico ya que hay unas tarifas mínimas a cobrar.

Y luego acabas en Ñú . Una experiencia totalmente distinta, ¿no?
Estaba con Ñu cuando entré con Ramón. En el concierto de Robert Plant en el Palacio de los Deportes me encontré a Jose Carlos y me dijo que si quería trabajar con él.

A principios de los 90 inauguras tu propia escuela de batería “Drum City Rocker”, más tarde “Progressive Drummers”. ¿Qué baterías han salido de ella?
De aquí han salido Joaquín Arellano, de Cuatro Gatos y primer batería de Saratoga, Dani Pérez, Antonio de Mermelada, Jandro de El Canto Del Loco, un tío muy trabajador, Javier Morgado de Nacho Cano y Camela, Juan Tarodo, batería de Olé Olé,…

Luis, ¿algún proyecto en mente?
Tengo en mente un proyecto nuevo con Stevie Zee a la guitarra, Manuel Ibáñez al teclado, yo a la batería, y como cantante tenemos varias opciones aunque la más segura es la de Jose Ignacio Prieto. Un buen cantante, comprometido, la persona idónea. Montaremos temas originales en la línea de Led Zeppelin, Deep Purple, Free, Bad Company, … Ya tenemos canciones que suenan a esas bandas. Ritmos de batería que suenan a John Bonham.

¿Y dónde podremos verte la próxima vez en directo y con quién?
Con “The Purple Experience”, un concierto único con algunos invitados. El grupo base será Stevie Zee a la guitarra, Manuel Ibáñez al teclado, y a la batería Andy C. y yo. En Septiembre iremos a Alicante para llevar “The Hendrix Experience”. Espero que estos  proyectos sean tan importante como para traer invitados de esos grupos a los shows. Preguntar si puede venir Jon Lord o Glenn Hughes,… traer a Ken Hensley, teclista de Uriah Heep, para el show de Deep Purple,… porque son amigos.

¿Qué piensas acerca de la situación actual de la industria de la música?
Cuando yo me inicié profesionalmente en la música, antes de que pasara un año ya tenías un contrato discográfico y elegías los estudios donde querías grabar. Hoy en día eso es imposible. Los músicos empezaron a pagar la producción de sus discos y la  compañía lo editaba. Si el grupo vendía y les funcionaba le hacían un contrato. La venta de discos ha descendido aunque no por  culpa de internet. El problema está en la política nefasta de contratación de artistas por parte de las discográficas. Cuando me bajo un disco y me gusta me voy a la tienda a comprarlo. Tampoco hay productos como antes. La piratería siempre ha existido. El CD ha matado la música ya que el vinilo sonaba mejor y no se podía copiar. Las compañías han estado en manos de inútiles que no eran ni entendidos ni amantes de la música. Pensaban que la música era un producto que se podía vender igual que se vendía un coche. Hoy sería imposible que Pink Floid consiguiera un contrato discográfico. Y mucha gente que ha engañado a los músicos. Hoy en día es posible que los grupos prescindan del intermediario de la casa discográfica ya que los discos se pueden vender en los conciertos.

¿Qué consejo darías a los grupos que están empezando en el mundo de la música?
Sobre todo que tengan apertura musical a la hora de aprender de los grandes. No olvidarse de trabajar para el grupo, escucharse unos a otros, mirar y escuchar lo que está ocurriendo en cada momento. Ensayar, improvisar y conocerse los músicos entre ellos, que no sean cuadriculados.

Escuchar a Luis es como leerse varios capítulos de la Historia del rock de este país. La que se escribe con mayúsculas, como se deberían escribir Sinceridad, Honradez, Amistad y Trabajo. Altamente recomendable para todo aquél que quiera descubrir la basura (la verdad) y el glamour (la poesía) que se esconde detrás de este mundo (cada vez más negocio y menos pasión) que llamamos música. Un verdadero placer. Nos vemos Luis.

Fotos y Texto: Amado Storni

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