El Festival Solidario de Higuera de la Sierra dice adiós

Las escatologías del Festival Solidario, y un hasta luego…

La palabra escatología tiene dos acepciones. Una, la más conocida, viene del griego skor, skatos que no se refiera más que a los excrementos intestinales. La otra más religiosa y filosófica proviene también del griego: éskahtos y se utiliza para hablar de los asuntos que tienen que ver con el final… Ambas nos vienen bien:

Aunque nos parezca una mierda, el Festival Solidario de Higuera ha puesto final a su andadura… o al contrario: Al final el festival se nos va a la mierda.

Hace ya unos ocho años un grupo de jóvenes llenos de ilusión comenzaba a reunirse en un pequeño pueblo de la Sierra de Huelva con una actitud crítica, transformadora y entusiasta. El objetivo: cambiar el mundo, o mejor hacer un mundo más justo y humano. Así comenzó su andadura el colectivo Sierra Algazara!. Desde muy pronto comenzaron a autogestionar un pequeño festival solidario en el que se relacionaba la reflexión y la actitud crítica, las campañas solidarias o la conciencia social de mano de la música, de talleres, de formación, de arte… y un sin fin de personas que buscaban un lugar común donde expresar sus inquietudes pasando un buen rato. Nos hermanamos con pueblos indígenas sudamericanos, apoyamos a nuestros vecinos migrantes marroquíes, sudamos nuestras camisetas en defensa de una “Sierra Viva” en contra de la especulación inmobiliaria o nos afanamos en protestar por la situación de los pueblos saharaui y palestino… Siempre estuvimos con quien nuestra conciencia nos decía que teníamos que estar.

Nuestro pueblo (así lo sentimos) se dejaba contagiar cada año por el calor y el color de gente de sitios cercanos y lejanos para mostrar que las cosas se pueden hacer de maneras diferentes a las que estamos acostumbrados. Los grupos de música siempre venían por lo mínimo que podrían cobrar, los precios populares en todo facilitaban las cosas, la participación, la reflexión y los buenos tratos a todo (personas, mobiliarios, costumbres…) siempre presentes. Cada año la plaza de toros se veía envuelta en un viraje brusco de sentido: allí no se creaba sufrimiento, sólo amor, diversión y mucha crítica. Es nuestra intención con estas palabras AGRADECER a cada una de las voluntades que han hecho posible estos ocho años de festival. Las personas que asistían, grupos, ponentes, artistas, artesanos, voluntariado, ayuntamiento, asociaciones y colectivos… en definitiva todas aquellas personas que en un momento de sus vidas, por las razones que fueran creyeron en este proyecto y en las personas que lo organizamos.

En algunas zonas del Japón, muy vinculadas culturalmente al cerezo, utilizan una expresión para el regocijo de contemplar el florecimiento de dichos árboles: sakura-gari o hana-gari. En Sierra Algazara! hemos disfrutado el florecer de este festival cada verano, con grandes alegrías y no con menos obstáculos. No obstante, el regocijo de ver blanquearse los bosques siempre termina; el nuestro también. Desde hace dos años, el escaso apoyo para la consecución del festival por parte del Ayuntamiento, fue decreciendo. Las pocas y agradecidas ayudas se convirtieron en dificultades. Dos años de búsqueda de explicaciones, de alternativas, de nuevos lugares, de desesperaciones, de discusiones… hasta que las energías y las posibilidades se nos han agotado. Nuestro festival, el de todas y cada una de las personas que alguna vez participaron, ha perdido como los cerezos la belleza y la blancura que dan las flores.

Pero siempre queda esperanza: las flores se transforman en frutos. Sierra Algazara! continúa con su lucha, aquel grupo de jóvenes con inquietudes, hoy se ha convertido en multitud de relaciones fructíferas que seguirán batallando de otras maneras, por lo mismo: por conseguir HOY un mundo mejor. Si luchamos podemos perder, si no lo hacemos ya hemos perdido. No hay pues escatologías en todo esto, ni es una mierda, ni hay finales que valgan… Sólo quedan nuevos caminos, nuevas luchas o nuevos gritos que dar. De alguna manera, esta es nuestra actitud ante la vida, y con la que nos está cayendo, sólo esperamos que al menos nos encontremos recorriendo los mismo caminos.

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