Con voz de pito

[entrevistas]De las cuatro máscaras de distintos colores que cubría una misma cara, salía una sola voz.
Entre las sombras, un brazo extendido dejaba ver la luz que pasaba por los poros de una tela que colgaba de él. Un trozo de tela que dejaba entrever un difuminado chorro de luz marrón, escaso pero suficiente para que la silueta de una hada se pudiera adivinar en lo casi oscuro; hada que cantaba con voz de pito, haciendo eco su voz, eco que se perdía volando con las ondas sonoras salidas de su garganta, extendidas más allá del fin de los tiempos.

¡Bella como nadie!

Brillos oscuros que no paraban de rodar adornando la noche cuando la novia lavaba la ropa de su novio, muerto ya, en la orilla del río, a la luz de una de las lunas de Saturno.
Luego volvía por el sendero de luz en busca de su nuevo futuro, el que el destino tuviera a bien, y empezaba una nueva vida entre lamentos agónicos y tristes melodías que la arropaban y la reconfortaban, hasta que el Sol, acompañado de trompetas, tambores y panderetas volvía a encenderse. Y todo cambiaba.
-¡Quién lo diría! ¡Ha vuelto a reír!- decían.
Y todos cantaban sobrevolando las verdes montañas, y todos volaban sobre las corrientes que, a la velocidad de la luz, llegaban a los valles buscando la corriente definitiva que los llevara hasta el mar, donde morirían o nacerían a una vida mucho más grande.
Y todos reían.
Aunque, de vez en cuando, hasta que vieran el mar, a lo lejos, lloraban junto a la hada con voz de pito, al ver que la tierra por la que iban estaba abandonada, pudriéndose en la miseria.
Y el llanto duraba hasta que una voz, venida del último rincón por conocer, entraba por la ventana de la habitación que daba a Saturno y cantaba otra cosa diferente a todo lo oído hasta ese momento. Entonces era cuando las voces de pito, contagiadas a todos los que allí estaban, se fundían con la más potente y juntas volvían a cantar a la Tierra, ahora receptiva, cantos alegres, dando palmas, dejándole al Sol brillar y a los dioses con los suyos, creyendo que creaban, los unos, y creyéndose creados los otros.

¡Tanta cosa incierta para un mismo mecanismo difícil de entender por tanta confusión a su alrededor!

-Tan solo queda esperar- decía ella con su voz de pito. –Esperar soñando a que el río corra de nuevo y a que el sendero que discurre a su lado se llene de hierba para que el andar por él se haga cómodo y las piedras del camino no se claven en los pies del caminante para no llegar al otro lado con heridas en los pies, por si no está bien visto, no vaya a haber represalias por culpa de un innecesario derramamiento de sangre.

Y la voz de pito me envolvió una vez más, siempre con el mismo majestuoso acompañamiento, hasta que se fue [la voz] y sólo quedó la compañía [el acompañamiento], tan grande en belleza que, en principio, nadie echó en falta a la voz.

Pero al final, inevitablemente, como así debe ser, todo vuelve a su sitio, de tal manera que la voz vuelve a ocupar su lugar apoderándose de todo el espacio disponible porque, tal y como está escrito, no podía ser de otra manera.

Pero la última nota la puso un piano.[/entrevistas]
Textos de Jose Luis Rodriguez “Isthar” de su nuevo proyecto Morcuende.

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