Calle Potes (En el mundo de los locos)

morcuende-calle-potes[entrevistas]En un rincón del salón, en un sillón, una sombra descansa ajena a todo lo que le rodea; un cigarrillo tras otro. Su único contacto con el mundo exterior es el humo que sale de su boca y huye de la casa por donde puede, escapando de tanta decadencia; humo que ha estropeado un poco más sus pulmones, aunque esto carece de importancia pues es una mínima parte del gran deterioro que puede con ella.
Nada es suficiente para restablecer el contacto con la realidad. Su mundo se paró un día inconcreto del último siglo, sin que pudiera hacer nada para evitarlo, pues cuando quiso darse cuenta sus mejores días habían quedado atrás.

A su alrededor, todo se iba desintegrando; sólo quedaba la huella de un tiempo posiblemente glorioso, caído en desgracia a partir de un abandono provocado por el destino. Días en blanco y negro que con su paso no ayudaban en nada a una mente perdida.
Una foto vieja sobre un aparador le recordaba cómo fue; una foto que ahora, de refilón, miraba con nostalgia cada vez que intentaba recordar su pasado para encauzar su vida; un niño a su lado y un payaso. ¿Qué había detrás de esa mirada? ¿Dónde fue a parar esa sonrisa?

Inocencia perdida. Indiferencia ante el futuro. ¿El vacío en su mente?
Hoy, su sombra reflejada en algún sitio inexistente, no se parece en nada a lo que fue.
El aparador de colorines, la lámpara tenebrosa y el ambiente cargado que asfixia. El silencio.
Una sombra entre las sombras, cada una colocada en su lugar repartidas por toda la casa, sin ningún contacto entre ellas. El silencio.
El aparador oriental guarda bajo llave la clave del misterio que transformó su vida y los barrotes de su cama se han convertido en los de la celda que la tiene prisionera, atrapada dentro de su palacio imaginario.
¿Cuál es su mundo ahora? ¿A qué mundo pertenece quien nada tiene, quien nada piensa, quien nada siente? ¿Cuál fue su pasado y hasta dónde llegará su tormento?
Canta con el fondo juguetón de un piano desafinado, canta por dentro y las ondas inaudibles de su voz llegan hasta mi cerebro.

Su canto desgarrado me tortura, pues su mente no para de gritar pidiendo ayuda; una ayuda que yo no puedo darle porque no debo interferir en el curso de su destino, ni debo, con mi intrusismo, alejarla de su mundo, ese mundo donde sólo habitan los locos. Lo único que se me ocurre es mandarle un mensaje que no consigo ordenar dentro de mi mente; un mensaje que supongo debe contener unas frases de apoyo, de alguien que ha conseguido unificar lo real con lo irreal a alguien que está intentando asumir el papel que la vida le ha asignado y que seguramente deberá permanecer por siempre en el mejor de los mundos, el de los locos.[/entrevistas]

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